La diabetes es un campo en rápida evolución. Siendo así no es de extrañar que cada año la Asociación Americana de la Diabetes (ADA) actualicé sus Normas de Referencia para la Atención Médica (Standards of Medical Care in Diabetes, 2017) con el fin de aportar los mejores consejos en base a la evidencia más reciente.

Son diversos los cambios que en 2017 recoge este posicionamiento frente al de ediciones anteriores. No obstante, y como nunca se ha abordado con anterioridad en este espacio el comentario pormenorizado de esta clase de documentos, se remite al lector experimentado a que consulte dichas novedades en este enlace que la propia ADA pone a disposición de los interesados. Por otra parte, y dado el carácter divulgativo y práctico de este blog, nos ha parecido especialmente interesante centrarnos y hacer destacar algunos de los contenidos del presente documento en lo que se refiere a la prevención, los cambios de los estilos de vida y la nutrición en la prevención y cuidados de la diabetes. Vamos allá.

Sobre la prevención

  • Las personas en situación de prediabetes deben realizar un seguimiento, al menos anual, para conocer la evolución de su situación.
  • En estos pacientes (prediabetes) se enfatiza la necesidad de adherirse a un cambio intensivo de sus estilos de vida circunscritos en un programa integral para la prevención de la diabetes: alcanzar y mantener una pérdida de peso del 7% con respecto al peso inicial; y aumentar su actividad física de intensidad moderada hasta llegar, por lo menos, a 150 minutos a la semana, por ejemplo caminar a paso a paso ligero
  • Los elementos basados en las nuevas tecnologías tales como el uso de las redes sociales, podómetros (o pulseras de actividad), contenidos educativos en DVD y aplicaciones móviles pueden ser muy útiles a la hora de modificar los estilos de vida para prevenir la diabetes.
  • Dada la relación entre el coste y la efectividad de las medidas en la prevención de la diabetes las anteriores propuestas de intervención deberían estar subvencionadas por terceros –entiéndase en este caso a cargo de Sistemas Públicos de Salud o bien por las correspondientes aseguradoras-
Sobre cómo promover los cambios en los estilos de vida

  • Todas las personas con diabetes deberían recibir formación para la autogestión de su situación con el fin de facilitar su conocimiento, sus posibilidades y sus capacidades, así como recibir el apoyo necesario para implementar y mantener dichas habilidades en la mencionada autogestión, tanto en el momento del diagnóstico como cuando sea necesario a partir de entonces
  • La mejoría de los valores clínicos (glucemia, lipidemia, tensión arterial…) y del estado general de salud fruto de la autogestión son objetivos clave en la educación de la diabetes y es preciso medirlos y controlarlos como parte de la atención rutinaria
  • La educación y el apoyo de la autogestión en la diabetes deben de estar centrados en el paciente, ser respetuosos con él, respondiendo a sus preferencias, necesidades y valores personales; y ésta debe ser la guía de las decisiones clínicas
  • Los programas de educación y apoyo de la autogestión de la diabetes incluyen en su interior elementos necesarios para retrasar o prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2. Por lo tanto, dichos programas deben adaptar su contenido a la hora de alcanzar la meta deseada: prevenir la diabetes.
  • Ya que la educación y el apoyo en la autogestión pueden mejorar los resultados y reducir los costos, la educación y el apoyo de la autogestión de la diabetes deberían estar debidamente subvencionados.
Sobre aspectos nutricionales

Uno de los mensajes que más se vienen repitiendo en los últimos documentos de posicionamiento de la ADA es que “no existe un único patrón de alimentación que se adapte a las necesidades de todas las personas con diabetes”.

Para la ADA, en lo que concierne a las cuestiones nutricionales, se ha de poner todo el énfasis en la promoción de un patrón de alimentación saludable entendido este como:

  • Impulsar la presencia de alimentos de alta calidad con una importante densidad de nutrientes (en relación a su contenido en vitaminas, minerales, fibra, antioxidantes, ácidos grasos esenciales…)
  • Abordar las necesidades nutricionales de cada paciente teniendo en cuenta sus preferencias personales y culturales, sus conocimientos sobre salud, su acceso a alimentos saludables, la disposición de cada cual y su capacidad para afrontar cambios y vencer dificultades.
  • Mantener y alentar el disfrute de comer sin prejuzgar alimentos concretos.
  • En resumen, proporcionar a las personas con diabetes las herramientas prácticas necesarias para desarrollar patrones de alimentación saludable en lugar de concentrarse en macronutrientes individuales, micronutrientes o alimentos individuales.
Una reflexión personal a modo de epílogo

Este documento transpira por los cuatro costados verdadero interés y preocupación por las personas con diabetes. Es palpable. Muchas de las recomendaciones que se proponen requieren de una verdadera implicación por parte de los profesionales sanitarios –y de los sistemas- para capacitar, en la medida de sus posibilidades a cada enfermo, en la autogestión de su enfermedad y en virtud de su situación personal. Una verdadera implicación que alude tanto al nivel de actualización y especialización de estos profesionales, como al tiempo que se precisa para este tipo de intervenciones. Con toda sinceridad, opino que los sistemas de sanidad pública que frecuentan los lectores de este blog están bastante lejos de cubrir hasta el extremo que se requiere estas recomendaciones. Lamentablemente, y tal y como están las cosas, solo estarán disponibles para una selecta población de personas con diabetes (o que quieran prevenirla) que, en primer lugar esté verdaderamente sensibilizada con todas esas cuestiones inherentes a su situación y, en segundo lugar, pueda hacer frente a su coste acudiendo a los correspondientes profesionales sanitarios… en el ámbito privado, claro.

Los rápidos cambios biológicos y la madurez física, cognitiva y emocional implican problemas específicos para el control de la diabetes en esta etapa, que podría mejorar con una buena comprensión del desarrollo de los jóvenes. Conocer los problemas que se suelen asociar a la diabetes en los adolescentes, puede facilitar entenderlos, y poder ayudarles.

1. Rebelión
Lucha por la independencia de los padres y otros adultos que a menudo repercute en una falta de adherencia al tratamiento.

2. Nuevos hábitos
Adopción de conductas de riesgo que interfieren en el autocuidado de la enfermedad, al menos tal como lo han concebido los padres hasta ese momento.

3. Equipo de tratamiento
Debido a los cambios en su estilo de vida y la posibilidad de complicaciones graves, el tratamiento requiere la intervención de un equipo multidisciplinar.

4. Autocuidado
Posibles problemas psicológicos y sociales, como preocupaciones o miedos relacionados con la diabetes, impiden el autocuidado.

5. Invulnerabilidad
Sentirse invulnerables puede llevar a los adolescentes a adoptar actitudes de riesgo y dar lugar a episodios de cetoacidosis y, sobre todo, a un mal control de la diabetes.

6. Alimentación
Los desórdenes alimentarios y un uso inadecuado de la insulina para controlar el peso se asocian con un mal control de la glucemia.

7. Compañeros
Los adolescentes que perciben reacciones negativas de sus amigos hacia su enfermedad parecen tener más dificultades para integrarse en situaciones sociales.

El exceso de glucosa en el organismo de la madre, situación característica de la diabetes gestacional, afecta al feto durante su maduración y crecimiento dentro del útero. Los hijos de mujeres con niveles elevados de azúcar durante la gestación son dos veces más propensos que otros niños a convertirse en obesos durante la infancia.

El azúcar en el embarazo

La relación entre diabetes en el embarazo y obesidad infantil es directamente proporcional: cuanto más elevada es la concentración de glucosa en sangre durante la gestación, mayor es el riesgo de obesidad tras el nacimiento. Si la cantidad de azúcar es muy alta, las probabilidades de que el niño tenga sobrepeso entre los cinco y siete años aumentan un 89 por ciento y las de que sea obeso un 82 por ciento.

La diabetes gestacional es una enfermedad común en el embarazo, que aparece sólo durante la gestación y, en la mayor parte de los casos, desaparece después del parto. El incremento de la glucosa circulante provoca el crecimiento excesivo del feto, lo que se conoce como macrosomia, que, además de ser un factor de riesgo para el desarrollo posterior de sobrepeso, está relacionado con numerosos problemas obstétricos.

Sin embargo, la asociación entre la aparición de obesidad infantil y la diabetes materna no guarda relación con el peso del bebé al nacer. El sobrepeso a los cinco o siete años, el denominado periodo de “rebote de la grasa”, predice obesidad en la edad adulta.

Pero no todo son malas noticias, ya que el análisis de los resultados obtenidos de 9.439 parejas madre e hijo reveló que, cuando el exceso de glucosa se trata, a través de diferentes intervenciones como dieta, ejercicio o insulina, el riesgo no aumenta, es similar al de los hijos de madres “sanas”.

Controla la hiperglucemia en el embarazo

El riesgo de obesidad infantil provocado por la diabetes gestacional es potencialmente reversible, si se trata adecuadamente. La obesidad de las madres las predispone a la aparición de diabetes y ésta aumenta el riesgo de que sus hijos sean igualmente obesos. La hiperglucemia durante la gestación está claramente implicada en la epidemia de obesidad infantil que afecta a los países desarrollados.

Para prevenir estas consecuencias, es muy importante que las embarazadas se sometan a pruebas de glucemia para detectar la enfermedad, que busquen ayuda médica para tratarla  que cumplan con los tratamientos.

 

¿a qué y por qué?

No se puede, o no se debe, consentir que el miedo o el temor injustificados influyan en la salud o en la calidad de vida. Solo el afrontarlos de manera adecuada, con ayuda si es preciso, hace a la persona más fuerte, le ayudara a ganar en seguridad y confianza, y le permite ser más feliz. Conocer los temores, estén justificados o no, es el primer paso para afrontarlos y, finalmente, vencerlos. Es necesario hablar de ellos con otras personas y, normalmente, solo tras enfrentarse al temor se llega a reconocer que era exagerado o absurdo.

Normalmente, la llegada de determinadas enfermedades y situaciones acarrea incertidumbre, preocupación, ansiedad y miedo. La diabetes es una de esas situaciones, y ese temor puede aparecer en relación con aspectos muy diversos: la propia diabetes, su tratamiento, su influencia en la calidad de vida, la herencia, las posibles consecuencias futuras, …; pero también existe el temor a no ser capaces de llevar a cabo todos los cuidados necesarios, o de no llevarlos adecuadamente. La actitud ante la situación y cómo afrontar esas inquietudes resulta fundamental para la vida del diabético, y especialmente para su calidad de vida.

Identificando el miedo

El miedo es una emoción, una respuesta normal y natural, que se caracteriza por inquietud, ansiedad, angustia y sentimientos desagradables y negativos; y se suele presentar en situaciones que se interpretan como “peligrosas”, aunque objetivamente no lo sean.

Pero, por otro lado, el miedo ha permitido a la especie humana sobrevivir, ya que, ante una situación de peligro, hace que el cuerpo responda de manera que se pueda escapar o enfrentarse a dicha situación, generando la respuesta necesaria. Si no existiera el miedo se estaría continuamente en riesgo, ya que nadie sería capaz de distinguir lo que pude hacer daño de lo que no.

Sin embargo, esa respuesta natural puede volverse en contra si se manifiesta en situaciones en las que el riesgo no existe, o no en la medida apreciada, y bloquea a la persona, impidiéndole llevar a cabo una respuesta adecuada, positiva y más adaptativa.

Ideas que bloquean a la persona con diabetes

De forma general, los miedos que dificultan el control de la diabetes, y las ideas erróneas que pueden llevar a la persona que la padece a esos miedos, serían:

Miedo a las futuras complicaciones, generalmente basado en el desconocimiento de la realidad y en comentarios y noticias.
*Miedo a la insulina, fomentado en ideas erróneas, socialmente extendidas.
*Miedo a las “bajadas de azúcar” (hipoglucemias).
* Miedo a las agujas.
** Miedo a “no ser capaz”, debido a la inseguridad personal y al desconocimiento y falta de educación en diabetes.

ü Miedo al rechazo social por ser diabético.

En este sentido, es importante diferenciar entre una fobia o miedo real a algo, y el uso de ese temor para no afrontar la responsabilidad del propio autocuidado. Es más fácil no hacer nada, o esperar que otro lo haga por uno mismo, y echar la culpa a miedos y temores imaginarios, que actuar e implicarse. Es cierto que la diabetes exige actuación, compromiso y conductas adecuadas, que generalmente resultan incómodas e incluso desagradables, pero el beneficio siempre es mayor que el sacrificio; y la satisfacción también.

¿Cómo superar los temores?


Para superar los miedos y/o temores, es importante seguir una serie de pasos, al final de los cuales la persona con diabetes estará en condiciones de afrontarlos con una visión más “real” de los mismos y con un razonamiento más lógico. Estos pasos pueden esquematizarse de la forma siguiente:

1.    Identificar qué es lo que le asusta. Puede parecer una tontería, pero a veces se siente miedo en situaciones en las que ocurren tantas cosas que resulta difícil diferenciar con claridad y, sobre todo explicar a otro, que es aquello que realmente le está bloqueando o paralizando (por ejemplo, tras el diagnóstico no resulta fácil distinguir entre la confusión, la desorientación, el desconocimiento y lo que provoca temor; o ante el miedo a la insulina, interesa saber a qué en concreto: a no ser capaz, a las agujas, al pinchazo, a las hipoglucemias o a que limite la vida social). Del conocimiento con exactitud del motivo dependerá la actuación.

2.    Una vez identificado, hacer una lista de los razonamientos del por qué y de los pensamientos personales al respecto. Si algo concreto o una situación determinada produce miedo, será porque se interpreta de manera irracional, subjetiva y errónea; ya que si fuera objetiva sería un miedo universal, que tendría todo el mundo. Por ejemplo ¿por qué uno no va a ser capaz de inyectarse la insulina si la mayoría de personas que la necesitan (si no hay una limitación física), incluidos los niños, lo hacen?

3.    Contar a qué se tiene miedo y los razonamientos del por qué se siente a una persona que pueda ayudar, que en este caso quizás sea el personal sanitario (médico, enfermer@ o educador/a) u otro diabético capacitado para ayudar (por ejemplo, en la Asociación de Diabéticos). Ellos podrán aclarar y dar toda la información necesaria para ver el tema con más racionalidad y modificar esos pensamientos que bloquean e impiden avanzar. De no hacerlo, la persona se autoalimenta en sus convicciones, se autoafirma en sus razonamientos, y éstos cada vez adquieren más fuerza.

4.    Siempre, siempre, lo más importante para superar un miedo es enfrentarse a él. De lo contrario, el paso del tiempo, hará que ese temor, no sólo se perpetué, sino que crezca y cada vez sea mayor. Cuanto antes se le haga frente, antes se descubre lo ilógica que era la forma de pensar y que no ocurre nada de aquello que se imaginaba o se tenía la seguridad de que pasaba. Una forma de tomar la decisión de afrontar ese temor es analizar objetivamente, buscando ayuda si fuera preciso para ese análisis, cual es el sacrificio que se debe hacer (“¿qué tengo que hacer?”) y cual el beneficio que se obtiene (“¿qué consigo con ello?”). Siempre ganará este último.

5.    Si el problema persiste y es importante para la salud, es preciso buscar ayuda en un profesional (psicólogo). Existen técnicas y terapias para superar miedos, que han aportado y aportan resultados extraordinarios.

        Dr. José Antonio Saz

 

Cascada Aigualluts y AnetoEl verano es una época delicada para las personas con diabetes porque las altas temperaturas pueden suponer un riesgo para el buen control de la patología. El calor influye en la absorción de la insulina, y también puede alterar y dañar la buena conservación de los medicamentos. Sin embargo, desde la Federación Española de Diabetes (FEDE) se recuerda que todo esto no impide disfrutar de la época estival, siempre y cuando se tengan ciertas precauciones, se siga adecuadamente el tratamiento y se tengan en cuenta las recomendaciones de los profesionales sanitarios.

En verano, las altas temperaturas de esta época del año, hace que sea fundamental estar bien hidratados en todo momento, ya que la pérdida natural de líquidos por parte del cuerpo producida por el calor, puede provocar deshidratación. Además, deben tenerse en cuenta los siguientes consejos:

- Antes de iniciar cualquier desplazamiento, es recomendable planificar el viaje para que no interfiera en las comidas.
- Antes de ponerse al volante, revisar el nivel de glucosa.
- Incluir tabletas de glucosa y / o alimentos que contengan carbohidratos.
- Llevar el doble de la medicación necesaria y siempre en su envase original.
- Proteger la insulina frente ante sol, para evitar que se estropee.
- Usar gorra o visera para resguardarse del sol y utilizar lentes oscuras para proteger la vista.

Si por el contrario las vacaciones no son de relax e incluyen un importante desgaste físico, hay que tener en cuenta que, ante cualquier situación de CIMG0571desmayo, calambres, náuseas o sudoración fuerte, es importante detenerse. Además, y a modo de recomendación general, se debe:

- Llevar visible un identificador que informe de que se tiene diabetes.
- Usar calzado deportivo amplio, ropa ligera y cómoda, y calcetines de algodón, para evitar ampollas, irritaciones o cortes, muy peligrosos en el caso de las personas con diabetes.
- Evitar el ejercicio en las horas centrales del día, alejándose de los rayos ultravioletas y del calor, además de usar protector solar especial para deportistas, de difícil eliminación en los casos de exceso de sudoración.
- Dentro de la mochila, llevar la medicación en una bolsa térmica para evitar la incidencia de las altas temperaturas.
- No alterar el horario habitual de las comidas y tomar alimentos antes de realizar una actividad física.

Otro tema muy importante para las personas con diabetes insulinodependiente, en verano, es llevar a mano su medicación y evitar que esta se estropee. A la hora de viajar al extranjero con insulina, se deben tener en cuenta que lo mejor es llevarse todo el material que se necesite desde el lugar de origen, duplicando o triplicando la cantidad, y repartiendo la insulina y los dispositivos médicos necesarios entre las diferentes maletas que se lleven de viaje, por si alguna de ellas se extravía.

Respecto a la conservación de la insulina, es importante evitar su exposición a la luz y a temperaturas extremas, inferiores a 0º C o superiores a 30º C. En algunos casos, puede requerirse la utilización de una nevera o bolsa isotérmica. De todas formas, antes de su uso es importante observarla detenidamente, por si hubiera sufrido algún tipo de cambio. Por ejemplo, la insulina rápida estropeada por efecto térmico, puede adquirir un color amarillento; la insulina más lenta, por su parte, puede no homogeneizar correctamente, quedando las partículas retardantes adheridas al cristal del frasco.

En el caso de viajar en avión con insulina hay que tener presenta que los medicamentos, incluidos los que son líquidos, como la insulina, están exentos de las normas para estos y estará permitido llevarlos en el equipaje de mano para su uso durante el viaje. Además, debe identificarse separadamente en los controles de seguridad, pero no es necesario que se transporten dentro de una bolsa de plástico. Se recomienda que vayan acompañados de la receta o de un informe médico, tanto en castellano como en inglés. También es aconsejable contactar con las compañías aéreas, porque cada una tiene sus propios procedimientos para el trasporte de estos artículos dentro del avión. 

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